Ante la amenaza de los incendios forestales

Casi por una semana, bomberos, miembros de la Defensa Civil y guardias forestales combatieron un incendio en la meseta de San Felipe, la mayor reserva boscosa de la provincia de Camagüey situada a unos 20 kilómetros al norte de esta ciudad y parte de la sabana serpentinosa que por esa parte limita con la Sierra de Cubitas.

El primero de estos focos se originó cerca del poblado de Banao y rápidamente se extendió a la zona boscosa de la meseta, cuyas áreas abarcan un extenso territorio de los municipios Camagüey, Esmeralda y Florida. Luego los focos se multiplicaron, la mayoría localizados por vuelos de reconocimiento en franjas de maniguas aledañas al bosque. En total se quemaron más de nueve mil hectáreas, de ellas 1 200 de bosques.

En realidad, la sabana camagüeyana, debido a sus característica de hierbazales y rocas metálicas se torna particularmente vulnerable a los incendios forestales en períodos de seca, hecho que, según las crónicas, se viene sucediendo desde hace cientos de años. No por gusto la vegetación rala como el peralejo, la guajaca y la yuraguana son resistentes al fuego y no tardan en reponerse apenas caen las primeras lluvias sobre la región.

Si bien las causas inmediatas que dan lugar a los incendios forestales pueden ser muy variadas, en todos ellos se dan iguales condiciones; esto es, la existencia de grandes masas de vegetación en concurrencia con períodos más o menos prolongados de sequía.

El mecanismo biológico es casi siempre el mismo; cuando el calor solar inicia a la deshidratación de las plantas, estas comienzan a recuperar el agua perdida del sustrato. No obstante, cuando la humedad del terreno desciende a un nivel inferior al 30% las plantas son incapaces de obtener agua del suelo, con lo que se van secando poco a poco.

Este proceso provoca la emisión a la atmósfera de etilo, que es un compuesto químico presente en la vegetación y altamente combustible. En ese momento ocurre, que tanto las plantas como el aire que las rodea se vuelven fácilmente inflamables, por lo que la amenaza de incendio se multiplica. Como esas condiciones se presentan en períodos de seca excesivas, la existencia de períodos de altas temperaturas y vientos fuertes o moderados, la posibilidad de que una simple chispa provoque un incendio es total.

Por lo general los incendios forestales no se deben a causa naturales, como puede ser la caída de un rayo, sino a la acción humana, ya sea de manera directa o indirecta, por accidentes o negligencia (ferrocarril, líneas eléctricas, quemas, trabajos forestales, hogueras mal apagadas, cigarrillos, basura, motores, máquinas, maniobras militares, etc.).

En todo el mundo, los incendios devastan cada vez más los bosques, destruyendo cada año millones de hectáreas de madera y otros productos forestales, alertó la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

La FAO instó a los países a involucrar a las comunidades locales en la ordenación y protección de sus bosques. "Cuando las personas están interesadas en proteger sus recursos forestales, los incendios provocados por el ser humano desaparecen más pronto o más tarde", declaró Mike Jurvelius, Oficial de Prevención de Incendios Forestales de la FAO.

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