GEGEM en la campaña espeleológica del 2020


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Entonces el paisaje eras diferente. Mayor humedad y bajas temperaturas en profundos cañones y riscos escarpados. La vegetación exuberante parecida a la actual pero ya adaptándose hacia otro clima. Se acercaba el fin de una era geológica y los mares comenzaban a inundar las costas. Hacia poco, apenas treinta millones de años detrás, diferentes especies de animales, aves y mamíferos, entre estos grandes osos hervíboros, los Megalognus, aprovechado las tierras emergidas que unía a nuestro archipiélago con la actual América del Sur extendieron sus dominios hacia la actual Antillas.
Mucho después al terminar en Cuba el periodo pleistoceno hace diez mil años, los glaciares de la Era de Hielo se derritieron sumergiendo a gran parte del país y con ello el puente que nos unía con el resto del continente, quedando aislados todas las especies de animal que evolucionaron por diferentes caminos hacia otras formas de vida.
 
De todos fueron estos Megalognus los gigantes de la fauna antillana, fueron las especies animales de mayor presencia en Cuba aunque sus restos han aparecido solo ocasionalmente hacia el centro y el occidente del país. Su permanencia fue larga, pues se sabe por evidencias halladas en sitios arqueológicos que convivieron junto a los primeros pobladores llegados a estas islas hace unos seis mil años, presumiblemente siguiendo la ruta de los animales con quienes convivieron por mas de mil años, Aun hoy resulta un miCalibrsterio para la ciencia la drástica desaparición de los Megalognus, así como la del resto de toda aquella fauna.
En el entorno de 1968 miembros del Grupo Espeleológico Eduardo Alfredo Martel, de Camagüey, hallaron en el Hoyo Viejo de Bainoa, al oeste de la Sierra de Cubita, tres esqueletos fósiles perfectamente conservados del perezoso extinguido. En aquel momento la noticia conmocionó a los investigadores de tal forma que en breve tiempo el Instituto de Paleontología de la Academia de Ciencias de Cuba organizo, con la ayuda de especialistas extranjeros, la I Expedición Cubano - Rusa – Polaca que en Camagüey no solo amplio los conocimientos que se tenían de la fauna fósil de Cuba, sino que desenterró restos de la Ornimegalognixs, especie de lechuza gigante que al parecer fue principal depredador de los perezosos, así como otras aves de gran tamaño. La expedición determinó que esta región cubitera fue un rico habitad de la fauna extinta y que por alguna razón, tal vez por la existencia de numerosas cuevas y la posible presencia de un humedal interior asociado al rio Jigüey en las inmediaciones, estos últimos sobrevivientes del Pleistoceno se congregaron en el entono de esta geografía, pero este tema aun es asignatura pendiente.
Cincuenta años después en trabajos de levantamiento cartográfico en la Gran Caverna de Cubitas, extendida en aquella misma zona, el Grupo de Estudios Geográficos, Epeleológicos y Medio Ambientales, Gegem, observaron varios arañazos en una pared al borde de lo que fue una fuente de agua y huesos fosilizados en un socavón de difícil acceso. A partir de allí comenzó un cuidadoso estudio del entorno, primero para tratar de conocer la especie a la que pertenecieron aquellos dispersos restos y luego para determinar cómo el animal pudo llegar hasta este lugar. 
 Hasta la fecha y por su talla los análisis no apuntan a que pueda ser un Megalognus, aunque si un mamífero no precisamente vegetariano a juzgar por sus potentes garras y colmillos, el que pudo llegar al sitio escapando de otros depredadores o simplemente ingreso a la caverna persiguiendo alguna pieza y perdió el rumbo en su interior. Hasta la fecha se han colectado mas de 200 partes del esqueleto, aunque no así el cráneo, preservándose el sitio para posteriores estudios.
Ahora el grupo espeleológico prepara su campaña 2020, programa que le ha de llevar hacia la región del oeste de la Sierra de Cubitas, espacio que reúne en la geografía donde se encuentra el Área Protegida Limones – Tuaquey, algunas de las mayores espeluncas de la provincia. El proyecto multidisciplinario debe contribuir al estudio de la fauna subterránea y su entorno, nuevas anotaciones para la paleontología y oportunidades tal vez, para el turismo de Naturaleza .
 Fotos: María Adela Herrera


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